Las gachas en su origen fueron una comida popular en el norte de Europa y en Rusia desde la antigüedad. Normalmente se hacían con grano de cebada, aunque también se hacían con otros cereales según las costumbres de cada lugar. Eran platos muy sabrosos a los que se les añadía todo tipo de condimentos adicionales a gusto de cada uno, como podían ser diversas carnes, verduras, etc.

Se cocinaban en un recipiente metálico grande sobre carbón o en un recipiente de barro calentado al fuego añadiendo piedras calientes hasta que hervían. Hasta que el pan con levadura y los hornos se hicieron hueco en Europa las gachas eran la forma típica de preparar los cereales.

En España hay muchas regiones repartidas por toda la geografía en las que las gachas son un plato tradicional y regional. Caben destacar por su renombrado estatus “las gachas manchegas” plato de La Mancha evidentemente, y están hechas con harina de almortas. En su origen eran comida de pastores y gente del campo que las preparaban sobre todo en los fríos inviernos. Este plato es tradición comerlo alrededor de un perol normalmente de barro donde se han preparado previamente las gachas, y son llevadas al paladar con una cuchara o acompañadas con un trozo de pan. Además, las gachas se ven acompañadas de otros platos como pueden ser frituras de panceta, tocino, chorizo, en definitiva, lo que viene siendo la comida de la matanza.

En algunas regiones como en Cuenca, se acompañan con setas o patatas, guindillas picantes o pepinillos en vinagre.

En la región levantina, concretamente en el Rincón de Ademuz, también se preparan con harina de maíz y de trigo y se ven acompañadas de productos de la matanza, así como de tomate, ajoaceite, caracoles y bacalao. La principal diferencia con las gachas manchegas es que éstas se cocinan en un caldero de cobre y no son tipo puré.

En cualquier caso, este plato tradicionalmente rural, es ideal para los días fríos…