El cambio de paradigma experimentado en 2018 contrasta con la euforia de 2017. En un contexto de desaceleración generalizada e inesperada de la economía mundial, muchos países como Estados Unidos, China, Francia, Italia y España han reaccionado para limitar la caída introduciendo por primera vez desde la crisis de 2008-2009 políticas fiscales expansivas, sinónimo de un aumento general del déficit público.

Si bien se trata de una buena noticia económica a corto plazo, está cambiando profundamente la situación de los mercados financieros. En efecto, en un momento en que los grandes bancos centrales están poniendo fin a sus inyecciones monetarias, el aumento de las necesidades de financiación de los Estados tiene la consecuencia de desviar los activos más arriesgados, los grandes ganadores de los últimos seis años. En estas circunstancias, no es de extrañar que los activos más penalizados sean los activos emergentes en su conjunto, pero también las acciones y los bonos de alto rendimiento. Si bien el optimismo de principios de año, que era legítimo tras una excesiva corrección a finales de 2018, les ha permitido recuperar algo de fuerza, el potencial sigue siendo limitado para este primer trimestre, en un contexto en el que es improbable que desaparezcan los riesgos políticos y económicos.

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ZONA EURO: ¿LA DESACELERACIÓN SE CONVERTIRÁ EN RECESIÓN?

asesorEn el contexto de una ralentización económica ya establecida, las elecciones al Parlamento Europeo del próximo mes de mayo son muy inciertas y podrían conducir al éxito masivo de los partidos euroescépticos, lo que reforzaría aún más la actual falta de visibilidad.

La desaceleración de la tasa de crecimiento de la zona euro continuó, como lo indica el deterioro de los indicadores cíclicos: el índice compuesto de directores de compras de manufacturas (PMI) para el Viejo Continente se acerca inexorablemente a 50, sinónimo de estancamiento de la industria (51,4 en diciembre, su nivel más bajo desde febrero de 2016; véase el gráfico). En particular, todas las principales economías de la región, a saber, Italia, Francia, España y Alemania, están tirando del indicador hacia abajo.

Alemania, que se supone que es la fuerza motriz, no es inmune a esta tendencia, ya que el sector de la automoción se ve muy afectado por la guerra comercial desencadenada por D. Trump, la nueva normativa sobre emisiones de carbono, pero también por las perspectivas de un Hard Brexit. Su índice PMI se sitúa ahora en 51,5 en diciembre (el más bajo en 33 meses). Francia, por su parte, debe hacer frente al movimiento de los «chalecos amarillos», que, además de revelar las dificultades económicas existentes, está creando otras nuevas.

Por el lado de las noticias menos negativas, Italia, a pesar de unos indicadores decepcionantes (SMI de 49,2 en las áreas de contratación), ha visto a su gobierno encontrar un terreno común con Bruselas para un presupuesto de 2019 del 2% en lugar del 2,4%, basado en un crecimiento ampliamente revisado a la baja.

El mundo en un punto de inflexión

Este contexto ha empujado a todas las tasas soberanas a la baja, lo que es una buena noticia para los hogares y las empresas de la región. Sin embargo, tenga cuidado de que los beneficios de este acuerdo no se vean socavados por la creciente incertidumbre sobre el futuro político de la Zona. En efecto, la vaguedad de la sucesión de Angela Merkel, la dificultad del gobierno francés para salir de la crisis de los chalecos amarillos, la popularidad del gobierno euroescéptico en Italia y la perspectiva de un «Hard-Brexit» hacen temer que el sistema institucional europeo sea cuestionado y reaviva el fantasma del fin de la moneda única.

Consciente de estos riesgos en un contexto de inflación inferior a la prevista, el BCE debería seguir siendo pragmático y poner en marcha un plan de financiación para el sistema bancario con el fin de suavizar la normalización de su política monetaria (véase el gráfico) manteniendo unas condiciones de financiación favorables en el Viejo Continente.

asesor contableEl índice de confianza de los consumidores, que se situaba en 91,6 en noviembre, el más bajo desde enero de 2015, ya reflejaba un deterioro de la percepción de futuro de la población francesa. El movimiento del «chaleco amarillo» materializó esta angustia ya a finales de noviembre y aún persiste hoy, a pesar de los anuncios del Presidente E. Macron.

Los efectos de las manifestaciones y los bloqueos ya han tenido un impacto en la economía francesa, como lo demuestran los indicadores económicos del PMI manufacturero (49,7), de servicios (49,6) y compuesto (49,3), todos ellos en áreas de contracción (ver gráfico), y el índice de clima empresarial, que cayó de 105,5 en noviembre a 103,6 en diciembre. Esto se refleja especialmente en el consumo de los hogares, que cayó casi un 2% en noviembre.

En estas condiciones, el clima político se ha mantenido muy tenso durante los últimos dos meses. Ahora es probable que las elecciones europeas del próximo mes de mayo sean la forma democrática para que los manifestantes sancionen al Gobierno y a su partido, dando prioridad a los partidos euroescépticos.

Consejos realizados por la asesoría contable de San Sebastian de los Reyeswww.asesoriasansebastian.com/contable